Zitlalic Ley

Bride

ZITLALIC LEY: Zitlalic Ley nació en Culiacán, Sinaloa, México, en una familia numerosa, humilde, trabajadora y profundamente honesta. Tiene una hermana gemela llamada Osiris, dos hermanas más—Alondra y Mitzuy—y el más pequeño de todos, Jorge, el bebé de la familia. Juntos forman un equipo muy unido que se apoya incondicionalmente.

Sus padres, Blanca Angulo (una maestra dedicada) y Jorge Ley (doctor en educación), siempre alentaron a sus hijos a seguir aprendiendo y creciendo, inculcándoles valores fundamentales. Su papá solía decir: “Con persistencia, todo se puede,” mientras que su mamá compartía la pregunta de: “¿Cómo que no se puede?” Esa mezcla de disciplina y optimismo moldeó profundamente la creencia de Zitlalic de que la perseverancia, la disciplina y el coraje son clave para alcanzar sus metas y sueños.

Desde pequeña, Zitlalic fue alegre, creativa y llena de energía. Le encantaba mantenerse activa y se destacó en gimnasia, atletismo y ping pong. La unidad de su equipo, sus entrenamientos por las tardes, y la disciplina compartida entre atletas y entrenadores talentosos, competitivos y solidarios les ayudó a triunfar. Junto a su grupo de cuatro, representaron con orgullo al estado de Sinaloa en la Olimpiada Nacional Juvenil en Tenis de Mesa, donde obtuvieron el tercer lugar por equipos.

Con su personalidad divertida, imaginativa y sociable, Zitlalic hacía amistades con facilidad. Disfrutó mucho la secundaria y la preparatoria en México gracias a sus amistades influyentes y solidarias, quienes alimentaron su lado aventurero a través de reuniones divertidas y experiencias como bailar, hacer deporte y correr carreras a pie o en coche. Siempre estará agradecida por el apoyo constante de quienes la ayudaron a crecer, alcanzar sus metas y tener una infancia tan divertida.

Aunque cocinar no era su actividad favorita, a Zitlalic le encantaba disfrutar de la deliciosa comida casera que preparaba su mamá, así como de los sabrosos platillos que sus tías cocinaban los fines de semana en los ranchos y en Las Arenitas. Aun así, a veces intentaba crear platillos hechos con dulces junto a sus amigas—la mayoría no salía como lo planeaban.

En la preparatoria, Zitlalic y su mejor amiga comenzaron un pequeño negocio de dulces por diversión. Durante los recesos, pegaban dulces en la pared como publicidad usando marketing orgánico e ingenioso. En una clase con 95% de mujeres, sabían cómo llamar la atención—abrían papitas con chamoy y decían en voz alta, “¡Wow, están deliciosas!” Vendieron algunos, pero comieron más de lo que vendieron… así que las ganancias duraron poco. A sus compañeras les encantaban las ocurrencias, sobre todo cuando tenían que arrancar todo de las paredes antes de que regresara la maestra.

Uno de los recuerdos más felices de la infancia de Zitlalic es en el rancho Huacharavito, rodeada de 20 a 30 primos en la casa de su Abuelita Chonita por parte de mamá. Como se dice en el rancho, “no hay muchas camas, pero sí hay mucho piso.” En el piso dormían uno al lado del otro sobre cobijas, riendo y platicando. Una noche, una tía advirtió: ‘Si no se callan, les va a tocar el cinto.’ Aun así, algunos primos estiraban las piernas y los brazos desde el otro lado de las cobijas para hacerle cosquillas a los que estaban calladitos, provocando que se movieran y hablaran. Incluso los que no hacían nada también pagaban. Entre risas y el miedo de que les tocara el cinto, al final a todos les tocaba. Un ejemplo perfecto de cómo encontraban alegría en las cosas más simples. Tenía una tía que amaba la naturaleza, regalaba rosas rojas y siempre llevaba a sus sobrinos a lugares para tener aventuras—como a las albercas con tobogan y enseñar como pescar con las manos en un arroyo cercano a la casa de la abuela para preparar un caldito de camarón que ella hacia para para compartir.

Cuando llegaban del arroyo bien cansados y con hambre y teniendo enfrente una mesa llena de comida recién hecha y con tortillas de maíz o harina hechas a mano—preparados con ingredientes frescos y orgánicos cultivados en esa casa o en el mismo rancho —todos seguían queriendo ese caldito. La familia entera se reunía para comer, y muchos repetían. Hasta hoy se ríen de cómo, con tan pocos camarones, su tía hacía un caldito de camarón que todos querían probar.

Por parte de su papá, su Abuelita Lupita, quien vivía en un campo pesquero, cocinaba platillos tradicionales mexicanos increíbles casi todos con puros mariscos recién pescados por la mañana. Cada comida era sabrosa, creativa y hecha con amor. En esa misma casa, su tía hacía pasteles preciosos y deliciosos que a Zitlalic le encantaba ver decorar con tanta paciencia y habilidad.

Su tío creativo—otro “nerd” en la familia—siempre estaba arreglando cosas o inventando juegos para entretener a los niños. Les regalaba amor, risas y diversión sin fin. Su Abuelito Pancho, mitad chino y mitad mexicano, le enseñó a su abuela una canción en chino que ella les cantaba a sus nietos. También enseñó a la familia a preparar salsa de soya casera—algo que siempre había en casa.

Zitlalic tuvo una adolescencia divertida. Aunque no siempre les dejaban ir a todas las fiestas, cuando sí podían, las gemelas las aprovechaban al máximo. Eran populares y tenían muchos amigos que las invitaban a salir. Pero su mamá siempre estaba atenta, recordándoles que se enfocaran en sus estudios.

Envía un fuerte abrazo a su grupo de secundaria—“Los de C”—un grupo cercano y muy gracioso. Le decían “China” y nunca falto el apoyo alcahuete de cuando participo para Reina del día del estudiante. Su lealtad, cariño y aventuras compartidas aún le sacan una sonrisa. Gritaban “¡Vota por China!” en cualquier lado y hasta crearon una campaña divertida y creativa para conseguir votos. Quizá ahí comenzó su pasión por el branding y la comunidad—y Latina Nerds® continúa ese espíritu de creatividad inclusiva y juguetona.

También manda amor a su grupo de preparatoria—las “nerds”—quienes hicieron esa etapa de la vida divertida y significativa, llena de risas, aprendizajes y bromas inolvidables.

Su vida en México fue sencilla y divertida, pero rica en lo que más importa: una familia grande y amorosa; comidas caseras frescas; y amistades maravillosas y traviesas. Siempre agradecerá a sus padres por su apoyo incondicional—llevándola a clases, pagando sus entrenamientos deportivos, y motivándola a enfocarse y sacar buenas calificaciones. Como educadores, sus padres enfatizaban el buen hablar, la disciplina y el estudio—y el círculo de amigos de sus padres, muchos también educadores, creaban un ambiente profundamente académico.

Cuando emigró a Estados Unidos, todo cambió—el idioma, la cultura, el sistema educativo, el estilo de vida… y sobre todo, estar lejos de la mayoría de su familia y amiges. Toda la risa, el apoyo y las aventuras de su infancia se convirtieron en recuerdos lejanos. Pero en esta nueva tierra, Zitlalic desarrolló una independencia feroz. Aprendió un nuevo idioma, trabajó para pagar sus estudios y encontró sus propias oportunidades. Siguió explorando diferentes deportes, pero fue en el atletismo donde realmente brilló. Entrenaba hasta 80 millas por semana y fue nombrada atleta All-American dos años consecutivos, posicionándose tercera a nivel nacional en steeplechase, lo que le otorgó una beca completa en una universidad de División I.

Impulsada por el apoyo de su familia, especialmente de su madre, padre y hermanes, se graduó y se mudó a Washington, D.C., donde comenzó a trabajar en empoderamiento comunitario y desarrollar su liderazgo. Desde entonces no ha dejado de crecer. Incluso con su tiempo limitado, busca aprender nuevas habilidades y enfrentar retos—como dirigir su propio negocio y terminar su MBA en USC, dos de sus logros personales más grandes. Zitlalic adora a sus sobrines—Amia, Jimena, Zoe y Keusito—quienes llenan su vida de alegría con sus risas, cariño y travesuras. La llenan de abrazos, besos y mucho amor.

También pone todo su corazón en su empresa, Latina Nerds®, que empodera a la comunidad latina a través del branding, la educación y el emprendimiento. A veces trabaja tanto que sacrifica tiempo con sus seres queridos, pero agradece su paciencia, apoyo y amor incondicional a lo largo del camino.

Y entonces llegó Alexander. Desde que lo conoció, Zitlalic encontró un nuevo tipo de equilibrio. Él le ha enseñado paciencia y a descansar, a disfrutar de lo simple. Con su ternura, lealtad y apoyo constante, le ha mostrado que está bien tomar una pausa y hacer algo para disfrutar. Cuando Alexander la ayuda a calmarse y a descansar, las ideas y soluciones fluyen naturalmente. Le ha enseñado que la vida también se trata de ir más despacio, estar presente y valorar el tiempo con las personas que más amas. Zitlalic ama profundamente el ser y estar activa—correr, andar en bicicleta, pickleball—y en especial la bachata, que con orgullo lo practica como un deporte.Últimamente ha adoptado un ritmo más tranquilo: disfruta el yoga, hornear y preparar pasteles personalizados y platillos hermosos, decorados con mucha creatividad e inspirados en el esmero y la delicadeza de un chef gourmet, hechos con el ingrediente secreto de su mamá: hacerlo con mucho amor.

Hoy, Zitlalic se siente agradecida por este capítulo de su vida. Está feliz, emocionada y llena de amor al comenzar este nuevo viaje. Espera seguir creciendo—no solo como profesional, sino también como pareja y futura esposa—lista para construir una familia basada en el amor, la presencia, la honestidad y un propósito compartido.